martes, 25 de septiembre de 2007

551. Dejé, encima de la cama, la maleta de madera, que cuatro años antes me había hecho el carpintero de mi pueblo, para viajar a Barcelona.


2. La maleta de madera

La habitación que me habían asignado tuve que compartirla con , un deportista que acababa de fichar por el equipo del pueblo. Por este motivo le habían conseguido trabajo en la fábrica Uralita.
Dejé, encima de la cama, la maleta de madera, que cuatro años antes me había hecho el carpintero de mi pueblo, para viajar a . Era igual, del mismo estilo, que las que habían utilizado mis paisanos, los emigrantes que viajaron en la posguerra a Francia, Alemania, Suiza, Holanda…
Estaba contento y emocionado. Deseando reconocer los alrededores de mi nuevo domicilio. Le dije a que me iba yo solo a dar una vuelta, que no tardaría. Convencido de que mi capacidad de orientación era buena y no tendría ninguna dificultad para volver pronto.
Me equivoqué. Me perdí y no fui capaz de encontrar el camino de vuelta. Durante más de una hora estuve deambulado por unas callejuelas escasas de iluminación, extraviado, despistado.
Salieron a buscarme, me encontraron cerca de allí, en la Plaza del General Palacios, junto a una fuente que ya no existe.
Fue la primera lección que recibí. Me dije: , esto no es , es mucho más grande, tendrás que cuidar por donde vas, estar atento, aquí todo es diferente.
Me dormí enseguida, cansado, pensando en que al día siguiente habíamos quedado con un atleta, un corredor del equipo del . Mi padre le había conocido, en su anterior viaje a , uno de los días que terminó su entrenamiento junto a la que sería nuestra casa. Le contó lo ilusionado que yo estaba con el y lo que disfrutaba corriendo. Él se ofreció, enseguida, a hacerme una prueba, para valorar mis cualidades y ver si podía llevarme a su equipo.

Blas García Marín

ENLACES:


1870. Acercó la imagen, y pudo contemplar con más nitidez las facciones de la cara de su hijo que parecía haberse transfigurado con la galopada.

1818. Seguí bajando a entrenar al SEU y al INEF, ahora con más asiduidad, porque ya me sentía parte de un grupo que me arropaba y ayudaba.

1745. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa...

430 . Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar.

10 comentarios:

  1. Manuel Cascales Guindosjueves, 12 junio, 2008

    Te habrá costado trabajo encontrar la maleta, ya no se pueden comprar, saludos y felicidades

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  2. Manuel, la maleta es la original, la he tenido conmigo durante todo este tiempo, la quiero como un tesoro.
    Saludos

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  3. UYYYYYYYYYYYY, que no te la pille yo, ME ENCANTAN P?ARA DECORAR, la mesa del salón es un arcón de madera , que llevaban en los barcos del 1813.
    ES PRECIOSA!!!!!!!!.
    BESITOS

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  4. La guardo como oro en paño, es un recuerdo de una época pasada hace muchos años, pero muy actual en mi memoria.
    Un beso.

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  5. Esos recuerdos son los que hacen la memoria colectiva de todos. Recuperar la memoria es imprescindible para no dar saltos en el vacío, para saber a dónde se va hay que saber de dónde se viene. Me ha gustado el detalle de la maleta de madera. Antes las cosas se sabía quien las hacía y lo esforzado que resultaba hacerlas y tenerals. Un abrazo

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  6. He escrito un comentario pero me lo han borrado. Mas o menos decía que esos son los relatos personales que configuran nuestra memoria colectiva. Me ha gustado lo de la maleta de madera. Un abrazo.

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  7. Pues no me lo habían borrado aunque la máquina se atrevió a decir que mi comentario no se había podido enviar. Mejor así. Adeu.

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  8. Modestpa, yo tenía 14 años y mucha ilusión por descubrir un mundo diferente al que estaba viviendo, así es que la maleta, que me hizo el carpintero de mi pueblo, me trajo mucha alegría, el tenerla me parecía un tesoro.
    Ahora, que ha pasado tanto tiempo es uno de mis recuerdos queridos, me traslada a otra época, en la que viví intensamente.
    Adeu

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  9. Pues aun recuerdo cuando estudiaba en Granada , tenía que tomar un tren con los asientos de madera, las maletas eran de cartón y las mejores de madera ,que no veas como pesaban las puñeteras , pues de ruedas nada a pulso había que llevarlas. Las ventanillas del tren se abrían y sacabas la cabeza por ellas y los ojos lloraban con la carbonilla que te entraba en ellos, llegabas de noche despues de parar en todas las estaciones , además recuerdo que por la Peña de los Enamoraos había un depósito muy grande de agua y el tren cargaba agua en las máquinas, era toda una aventura ... saludos . buen día-

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  10. Se nota que nos hemos hecho mayores. Los recuerdos que nos cuentas, me hacen remontarme a una etapa de mi vida que trae a mi memoria momentos maravillosos.
    saludos

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